martes, 23 de agosto de 2016

   
       SIRIA: UN MUÑECO ROTO PARA USAR Y TIRAR

                                          Vendrán más años malos
                                          y nos harán más ciegos.
                                                
                                                 Rafael Sánchez Ferlosio




A propósito del conflicto sirio, el prestigioso periodista John Pilger escribió en el diario The Guardian: “La guerra mediática es tan importante como la guerra en el campo de batalla, porque el verdadero enemigo es la opinión pública nacional de cualquier país, y su engaño y confusión se convierten en algo esencial para librar una guerra colonial no popular.”

A pesar de tantas evidencias comprobables para quien busque conocer sin anteojeras intelectuales el verdadero trasfondo del horror inexpresable que viene padeciendo Siria desde que Washington comenzó su intervención para derrocar al gobierno de Bashar El-Assad, apoyándose en milicias terroristas, previamente adiestradas, armadas y financiadas por los propios EE.UU., sus aliados de la OTAN, encabezados por Francia e Inglaterra, y las monarquías feudales del Golfo, con la colaboración de Turquía y Jordania, la mayor parte de nuestros creadores de opinión se ha negado a aceptar que en Siria no existe una guerra civil, sino que el interminable conflicto que soporta desde hace más de cinco años es producto de un plan estadounidense minuciosamente ejecutado en función de las coordenadas geoestratégicas elaboradas por el grupo neocon que el presidente George W. Bush colocó al frente de su Administración con anterioridad a los atentados del 11-S en Nueva York y Washington, y cuya más impúdica expresión aparece publicada en el libro de Zbigniew Brzezinski "El gran Tablero Mundial. La supremacía estadounidense y sus imperativos geoestratégicos".



Los medios occidentales, siguiendo los criterios establecidos por Washington, han optado por defender a los que de manera engañosa llaman “rebeldes moderados”, identificándolos con pretendidos defensores de la libertad frente a la opresión dictatorial del gobierno de Damasco, sin considerar la ferocidad de sus crímenes ni las masacres de civiles cometidas entre las numerosas minorías religiosas o étnicas existentes en Siria, entre ellas la numerosa población cristiana, que, sin la protección del Estado sirio, las potencias occidentales han dejado abandonadas a su suerte. La Historia juzgará esa miserable decisión, que tiene visos de genocidio, de manera no menos inmisericorde a como ha juzgado la cobardía de los países europeos cuando el arranque del nazismo en Alemania.

Como ejemplo clásico de la información sectaria que ofrece la prensa española señalaré el reportaje aparecido en el núm. 1456 de la revista XLSemanal del diario ABC, aunque el contenido sería el mismo si se tratara de El País, El Mundo o cualquier otro diario, porque, en cuanto a manipular con total descaro a la opinión pública española, todos son iguales. Y de las televisiones o de las emisoras de radio, mejor ni hablar.

Bajo el título “Una historia en imágenes. El drama de los sirios que huyen de su país, visto a través de cinco espeluznantes historias”, ABC muestra los horrores del infierno sirio ilustrado con fotos de sus protagonistas. Supongo que, a estas alturas, adivinarán lo que sigue. ¿No...? Pues yo lo diré: Resulta que los pobres desgraciados retratados en sus páginas fueron víctimas, ¡todos sin excepción alguna!, de la crueldad infame de los soldados de las Fuerzas Armadas Sirias fieles al gobierno de Damasco. De los horrores perpetrados por los yihadistas del Estado Islámico no dice ni palabra, de tal modo que a uno le quedan dudas de si el ISIS, el Frente Al-Nusra y las restantes milicias criminales no serán fantasmas inventados por Bashar Al-Assad para tener una excusa que justifique la perversa manía que le ha dado a ese hombre de torturar y masacrar a su propio pueblo.

Puestos a falsear la realidad con semejante descaro, deberemos pensar que las terribles imágenes del vídeo cuyo enlace inserto a continuación, en el que los milicianos del Estado Islámico ejecutan a civiles por ser “apóstatas y seguidores de Bashar Al-Assad” son ficciones producidas por la propaganda del Gobierno de Damasco con la perversa finalidad de denigrar las bondades del yihadismo islamista.

Les prevengo que las imágenes tomadas en Raqqa (PINCHAR AQUÍ)  ), a comienzos de septiembre de 2015 son fuertes y duras de ver.

Milicianos ejecutan a un acusado de ser partidario del Gobierno de Damasco

Nunca ha habido tanta libertad para informar y tan poca veracidad en la información recibida, pese a los esfuerzos de tantos historiadores, periodistas e investigadores imparciales que vienen publicando sus artículos no solamente en canales alternativos, sino en muchos de los diarios y revistas especializadas más importantes de Estados Unidos, pero que, salvo escasas excepciones, no han encontrado eco alguno en nuestros medios informativos, empeñados en demonizar y culpabilizar a las Fuerzas Armadas Sirias leales al gobierno de Damasco y sus aliados rusos de las atrocidades que vienen sucediéndose en la escena siria, ignorando completamente los desastres ocasionados por los bombardeos americanos y franceses, así como los crímenes y desmanes de las numerosas bandas de terroristas mercenarios atrincheradas en Alepo casi desde el inicio del conflicto sirio.

De nada servirán los recientes testimonios directos que aparecen en el enlace (PINCHAR AQUÍ PARA VER EL VÍDEO) correspondiente a la rueda de prensa organizada en la sede de las Naciones Unidas por los miembros del Consejo Norteamericano para la Paz en Siria, quienes se muestran unánimes en denunciar la impostura que supone llamar “rebeldes moderados” a los que no son más que criminales a sueldo llevados a Siria para derrocar a Basahr Al-Assad y desmembrar la nación según el plan diseñado por los halcones de Washington.

Aunque las intervenciones sean en inglés, no tengo duda de que algunos de los intelectuales a los que dedico este documento serán versados en la lengua de Shakespeare y que, por lo tanto, estarán en condiciones de entenderlo. Aunque sin mucha esperanza de conseguirlo, espero que, en el caso de que se molesten en escuchar los testimonios a los que aludo, no justifiquen su desdeñosa ignorancia catalogándolos de “conspiranoicos”, que es el pobre recurso intelectual que suelen emplear para desprestigiar cualquier evidencia que no se ajuste a su versión de la realidad, tan soberbiamente dogmática como políticamente correcta respecto a los criterios impuestos por la campaña de desinformación y propaganda sostenida por la administración estadounidense y difundida por las principales agencias de comunicación occidentales, tal como denuncia el Prof. Tim Anderson, profesor de la Universidad de Sydney y autor del libro "La guerra sucia contra Siria", en su reciente artículo "Siria Endgame: The Battle for Aleppo and Plan C" (Siria final del Juego: La batalla por Alepo y el Plan C). 



Como explica el Prof. Anderson, “la guerra de Washington contra Siria comenzó a través de “milicias proxy” (ejércitos delegados) de acusado sectarismo fundamentalista enviadas para derribar al gobierno de Damasco. Aunque la prensa occidental siga hablando de "rebeldes moderados”, la evidencia es que EE.UU. y sus aliados han apoyado todos los grupos armados que asolan Siria, incluyendo el grupo occidental liderado por el frente armado anteriormente conocido como Jabhat Al-Nusra (ahora rebautizado como “Jabhat Fatah Al-Sham”), en un fracasado intento para evitar el bombardeo sirio-ruso, así como el grupo oriental DAESH-ISIS, que comparte la misma ideología, tan perversa como sectaria”.

En el momento actual, la batalla por el control de la ciudad de Alepo ha obligado a que los grupos yihadistas ofrezcan una última y desesperada resistencia, ya que su derrota implicaría que la guerra decretada por Washington para derrocar a Bashar Al-Assad habrá entrado en su fase terminal, de tal modo que la liberación de Alepo supondrá el principio del fin.

Todo lo que antecede debe servir como prólogo al hecho que me ha motivado para escribir esta entrada: la ignominiosa instrumentalización de la imagen patética del niño sirio Omran Daqneesh como medio de propaganda para la campaña actualmente en curso tendente a frenar los ataques conjuntos de las Fuerzas Armadas sirias y de la aviación rusa contra los mercenarios del Frente Fateh al-Sham y de las otras bandas armadas que controlan todavía una pequeña zona de la enorme ciudad, empleando como escudos humanos a la población civil, que todavía resiste en sus hogares los horrores del asedio y desde donde lanzan sus ataques de artillería, misiles y gases tóxicos contra la mayor parte de la ciudad, controlada por el Ejército Sirio fiel al gobierno de Damasco.



Los medios de comunicación occidentales, que vienen ofreciendo desde antes que comenzara el conflicto, en marzo de 2011, una feroz campaña de manipulación informativa en contra del gobierno de Damasco, han convertido en viral la desoladora imagen del pequeño Omran para impactar en la sensibilidad de esa inmensa mayoría que desconoce lo que viene ocurriendo en Siria desde que Washington decidió intervenir a través de su guerra delegada en las milicias creadas para derrocar a Al-Assad y reproducir en Siria la misma situación de caos que hoy padecen Afganistán, Irak o Libia, atribuyendo a los bombardeos rusos sobre Alepo la responsabilidad de las víctimas civiles ocasionadas, sin aportar ningún tipo de pruebas y sin que jamás se hayan hecho eco de las ocasionadas por los bombardeos realizados por norteamericanos y franceses en las localidades situadas en el noreste sirio.

Como denuncia Bill Van Auken, reportero del World Socialist Web Site, en su artículo "Human Rights. Propaganda Campaing Paves Way for Military Escalation in Syria" (Campaña de propaganda para allanar el camino a una escalada militar en Siria), publicado el pasado sábado, día 20 de agosto, "la a imagen de Omran fue elegida porque la acción aparenta desarrollarse en el sector oriental de Alepo, donde aproximadamente una sexta parte de la población vive bajo el dominio de las milicias islámicas apoyadas por Estados Unidos, la más importante de las cuales es el Frente Fateh al-Sham, que, hasta el mes pasado se llamó el Frente al-Nusra, catalogado como grupo terrorista por el propio gobierno norteamericano. Llama la atención que los miles de niños asesinados por los cañones que los milicianos disparan de manera indiscriminada contra los barrios del Oeste de Alepo controlados por el Gobierno de Damasco no tienen el mismo interés para los conductos lacrimales de los editorialistas de periódicos y las cabezas parlantes de los medios de comunicación. Ni mucho menos, les importan las imágenes de los niños sacrificados en Yemen por los ataques aéreos saudíes llevados a cabo con bombas suministradas por Estados Unidos y el indispensable apoyo logístico del Pentágono”.









Después de cinco años de horrores, comprobar la sensiblera indignación que ha suscitado la foto de Omran me parece una afrenta a las decenas de millares de niños que han muerto o han sufrido amputaciones terribles en el conflicto sirio. Como recuerda Van Auken, “los métodos empleados en esta campaña están muy vistos, por decirlo suavemente. Hace veinticinco años, la primera guerra del Golfo contra Irak fue preparada con un escalofriante relato, difundido en el Congreso de Estados Unidos, según el cual las tropas invasoras iraquíes robaron las incubadoras de los hospitales de Kuwait, dejando morir a los bebés. La supuesta testigo ocular de esta atrocidad, una mujer identificada como enfermera, se supo posteriormente que era hija del embajador de Kuwait en Washington y miembro de la familia real del emirato, de tal modo que toda la historia fue un montaje de falsa propaganda”.

Como Van Auken sigue diciendo, “las fuerzas motrices que subyacen en la renovada campaña de propaganda son de dos tipos. La primera y más inmediata es la necesidad que tiene la ofensiva “rebelde”, financiada por EE.UU. y sus aliados regionales, de romper el cerco a la zona oriental de Alepo que controlan para intensificar la la estancada ofensiva contra la población civil del Oeste de la ciudad ante los significativos avances sobre el terreno de del Ejército Sirio, apoyado por la aviación rusa. De ahí la exigencia necesidad de un alto el fuego inmediato.

"De mayor alcance en sus implicaciones es el desarrollo de la colaboración entre Rusia, Irán, China y Turquía respecto a lo que ha venido sucediendo durante los cinco años que dura la guerra por el cambio de régimen en Siria. En la semana pasada Irán dejó que Rusia utilizara sus bases para atacar objetivos sirios, al tiempo que Pekín anunció un aumento de la ayuda militar a Damasco. Mientras tanto, siguiendo la estela del abortado golpe militar llevado a cabo el mes pasado bajo respaldo estadounidense, Recep Tayyip Erdogan ha buscado un acercamiento con Moscú y Teherán.




Van Auken concluye que "Washington mira con creciente inquietud esta eventual alianza, a la que considera un serio impedimento a la unidad militar para afirmar su hegemonía en el Oriente Medio y sus vastas reservas de energía. Como no puede aceptar semejante desafío sabe que, inevitablemente, tendrá que preparar una respuesta militar. Este es el fin de la campaña de propaganda "humanitaria" para "salvar a los niños" de Siria y rescatar a los milicianos de la “proxy war” (guerra por delegación) vinculada a Al-Qaeda, que forma parte del negocio organizado por Washington”.

La primera pregunta que cabe resolver en relación a la foto del pequeño Omran es de qué fuente procede, es decir, conocer quiénes la filtraron con la finalidad de que se hiciera viral, como ocurrió hace un año con la conmovedora imagen del cuerpecito del niño Aylan Kurdi que yacía en la orilla de una playa griega.

Basta examinar la foto para ver en su esquina superior izquierda que procede del "Aleppo Media Center", un equipo de prensa al servicio de los “rebeldes moderados” apoyados por Estados Unidos, que coordina su trabajo de intoxicación con los voluntarios denominados “Cascos Blancos”, una ONG fundada en 2013, que recibe su financiación de Estados Unidos y Gran Bretaña, según aparece documentado en el artículo The U.S./UK Financed "White Helmets" Shitik-Fake "Child Rescued" videos (Estados Unidos y el Reino Unido financian los vídeos de los Cascos Blancos con la falsa escenificación del niño rescatado). 

La organización denominada “Cascos Blancos” se presenta a sí misma como neutral y apolítica, pero la realidad es que apoya a uno de los bandos enfrentados en el conflicto sirio: precisamente al de los yihadistas islámicos y a las potencias que buscan perpetuar la guerra en Siria. Esta afirmación se basa en el conocimiento de que Defensa Civil Siria recibe su financiación principalmente de Estados Unidos y Gran Bretaña, volcando su interés actual en la campaña para detener los bombardeos de Alepo con la finalidad de evitar la eliminación del los milicianos del Frente Al-Nusra, que recientemente cambió su nombre para llamarse Fateh Al-Sham, una maniobra puramente cosmética para, al menos nominalmente, no aparecer catalogado como terrorista ante la despistada opinión pública occidental.


James Le Mesurier, el super agente británico creador de los Cascos Blancos

Los “Cascos Blancos” fueron creados en Estambul en el mes de marzo de 2013 por James Le Mesurier, un especialista británico en “seguridad” y ex- oficial de la inteligencia militar británica, con un impresionante historial de servicio en algunos de los teatros en los que levantan mayores interrogantes las intervenciones de la OTAN, incluyendo Bosnia y Kosovo, así como Irak, Líbano y Palestina. Le Mesurier pertenece a la élite formada en la británica Real Academia Militar de Sandhurst, con una hoja de actuaciones de muy alto perfil al servicio de las Naciones Unidas, la Unión Europea y los servicios para el extranjero de la Commonwealth.

Mientras la organización afirma que no recibe fondos procedentes de ningún gobierno, aparece perfectamente documentada una recepción de veintitrés millones de dólares del gobierno norteamericano, canalizados a través de la USAID (U.S. Agency for International Development), que tiene el descaro de tipificar como "ayuda a las iniciativas para la transición política en Siria", así como diversas subvenciones de importancia procedentes de los gobiernos del Reino Unido, Japón, Dinamarca y Países Bajos, todos ellos favorables a contribuir económicamente a la campaña norteamericana para derrocar a Bashar Al-Assad. 

Si examinamos el expediente de James Le Mesurier también veremos sus relaciones con la contratista militar Olive Security, relacionada con Blackwater, una de las empresas favoritas del Pentágono para sus multimillonarios contratos con los ejércitos privados y tristemente famosa por sus matanzas en Irak, así como con Good Harbour International, firma beneficiada por las concesiones gubernamentales para la “reconstrucción” de Irak, dirigida por Richard Clark, ex-asesor de Seguridad del presidente George W. Bush, con lo que los negocios vinculados a la destrucción por la guerra y la reconstrucción de lo destruido, al menos en teoría, quedaban en familia. No hace falta más para saber que las tareas de Le Mesurier consisten en llevar a acabo de manera encubierta, bajo la fachada de una organización privada e independiente, aquellas acciones de guerra sucia que Estados Unidos y Gran Bretaña no pueden realizar directamente en Siria. 



Por si fuera poco, el otro gran dirigente de la organización es Raed Al-Saleh, que a través de Defensa Civil Siria actúa como enlace exterior para la propaganda de los “rebeldes moderados” protegidos por Estados Unidos y sus aliados, existiendo una abundante colección de imágenes que muestran la activa colaboración de esta organización con las milicias del Frente Al-Nusra, en algunas de las cuales aparecen festejando la toma de ciudades por parte de los terroristas, así como la difusión de imágenes propagandísticas que muestran cadáveres de soldados del Ejército Sirio expuestos como trofeos de guerra. A tal punto llega la desvergüenza de Defensa Civil Siria, que existen numerosos ejemplos de vídeos en los que sus integrantes, agradecen las acciones criminales de Al-Nusra, calificándolas de "modelo a seguir". 


Raed Al-Saleh

Como nota absolutamente delirante en relación a Raed Al-Saleh, cabe señalar que después de haber sido propuesto para recibir el Premio Nobel de la Paz (todo es posible después de haberlo obtenido Barack Obama), le fue prohibida la entrada en Estados Unidos a su llegada al aeropuerto de Nueva York, porque su nombre figuraba en la lista de terroristas elaborada por el FBI. Que nadie piense que fue detenido, sino que, ante el temor de que el asunto fuese aireado por la prensa y utilizado para establecer conexiones indeseables, fue devuelto a Estambul, tal como explicó ante los medios los medios de comunicación Mark Toner, portavoz del Departamento de Estado.

A quien desee informarse más cumplidamente de las actividades realizadas por los Cascos Blancos, recomiendo que vea en su integridad el documento Syria´s White Helmest: War of Deception-"Moderate Executioners" (Los Cascos Blancos de Siria: Guerra por medio del engaño – "Verdugos moderados"), publicado el 28 de octubre de 2015 por 21st Century Wireless.

Si después de todo lo expuesto y sabiendo que gran parte del conflicto sirio se juega en Alepo, alguien siguiera creyendo que la viralización de la foto del pequeño Omran Dagneesh no forma parte de una campaña orquestada por quienes vienen apoyando a las milicias yihadistas y que, por tal motivo, buscan detener como sea la exitosa ofensiva contra los yihadistas de Al-Nusra emprendida por las Fuerzas Armadas Sirias y la aviación rusa, sino que se inclinara a pensar en términos de buena fe para aceptar estamos ante un testimonio gráfico obtenido y difundido con fines humanitarios por una organización altruista al servicio de la noble causa de la paz, seré libre de incluir a tal sujeto en la categoría de “aquellos que no piensan más que con el pensamiento de todo el mundo”, según el decir de D. Miguel de Unamuno, quien los consideraba como casos ejemplares “de imbecilidad por sentido común”.

A ellos dedico las esclarecedoras palabras pronunciadas por Karl Rove, asesor de George W. Bush, recogidas por Ron Suskind en su artículo "Without a doubt: faith, certainty and the presidency of George W. Bush", publicado en The New York Times, el día 4 de octubre de 2004: “La gente cree que las soluciones provienen de su capacidad de estudiar sensatamente la realidad discernible. En realidad, el mundo ya no funciona así. Ahora somos un imperio y, cuando actuamos, creamos nuestra propia realidad. Y mientras tú estés estudiando esa realidad, actuaremos de nuevo, creando otras realidades que también podrás estudiar. Somos los actores de la Historia, y a vosotros, todos vosotros, sólo os queda estudiar lo que hacemos”.






miércoles, 3 de agosto de 2016


     SÁNCHEZ, UN CADÁVER POLÍTICO QUE APESTA




Esgrimir  la obligatoriedad de que Rajoy busque el apoyo necesario para formar gobierno en una fantasmagórica coalición “de derechas”, como exige Pedro Sánchez para justificar su postura de bloqueo, equivale a retroceder en el tiempo, trasladando al momento presente la situación de enfrentamiento irreductible que tuvo lugar en el año 1936 y que originó la Guerra Incivil. Y es que dividir a los españoles de hoy entre izquierdas y derechas, actuando el propio Sánchez como árbitro inapelable, resulta tan excéntrico como maniqueo: la única división posible y real está entre los partidos que respetan la Constitución y los que no. Que el representante del primer partido de la oposición ignore esta evidencia es tan irresponsable como canallesco. Por encima de los intereses partidarios ha de colocarse el interés general de la nación española, al que todos los políticos deberían someterse y a cuyo servicio deben su misma existencia.

Como aparece en el editorial de inusitada dureza que aparece  hoy en el diario El País, "Callejón sin salida":

“Sánchez practica un juego de verdades a medias o de simples falsedades para esconder su fracaso electoral en dos ocasiones consecutivas y su manifiesta incapacidad para afrontar este crítico momento. Por un lado, invita a lo que llama “las derechas” a formar un Gobierno sobre una mayoría inexistente. ¿O es que pretende que el Gobierno de España busque su estabilidad en un acuerdo con la pretendida derecha catalana que acaba de respaldar la independencia unilateral y fuera de la ley? ¿Es esa una recomendación sincera o tal vez una manera de justificar que el propio Sánchez intente negociar con los independentistas en el caso de que Rajoy fracase? ¿Y cuál es esa mayoría alternativa de cambio de la que habla? ¿Quiénes son las izquierdas que él separa con tanta nitidez de las derechas? Qué clase de juego arcaico es ese de dividir al país ideológicamente en dos con semejante simpleza en un momento tan complejo, precisamente cuando los electores acaban de decir que quieren pactar y superar la vieja política? 

Esta estrategia destila un aroma insoportable de tacticismo orgánico. Es imposible escuchar a Sánchez sin deducir que está pensando únicamente en su cálculo personal para sobrevivir como secretario general del PSOE. Y eso solo le puede conducir a fracasar en ambas tareas: ni puede razonablemente intentar presidir un Gobierno con 85 diputados y una suma disparatada de siglas, ni merece dirigir un partido al que día a día condena a la irrelevancia”.



Al margen de las cuestiones irrelevantes que enturbian los repetidos debates de cada día, el único fondo de la cuestión está en que sin la voluntad del PSOE no es posible formar gobierno alguno, porque los números no cuadran: ¡Es la Aritmética, idiota!, habría que decirle al tal Sánchez. Convertir la crisis de gobierno en crisis de Estado será responsabilidad exclusiva de la caterva de impresentables que está hoy al frente del Partido Socialista.

Tras su cerril negativa a cualquier tipo de acuerdo o pacto está la desesperada situación personal de un político que, haga lo que haga, sabe que tiene los días contados. Si accede a la abstención será defenestrado en el próximo congreso de su partido, por haberlo llevado a la miserable situación en la que ahora se encuentra. Y si se sigue negando a negociar, también lo será, porque es la cabeza que habrá que cortar para librar de culpa a todos los miembros relevantes de su partido, que ahora callan en espera de que se ahogue. Pero antes de que esto ocurra, a Sánchez le queda tiempo suficiente para, en su desesperación, arrastrar a la nación española hasta una situación de imprevisible salida, tanto de cara a la política interior, como, sobre todo, frente a la normativa presupuestaria de la Unión Europea. Lo cierto es que su chulesca arrogancia terminal la acabaremos pagando todos los españoles. 






jueves, 7 de julio de 2016



      A VUELTAS CON LA GUERRA DE IRAK 
     Y  OTRAS INFAMIAS

                  "Nuestra nación ha sido elegida por Dios y designada
                           por la Historia como modelo del mundo".
                                                                             George W. Bush                                                        
                                                                


El informe Chilcot sobre la participación del Reino Unido en  la guerra de Irak se hizo público el miércoles pasado a las once y media de la mañana. El trabajo, que se ha venido elaborando durante siete años, analiza el papel del Gobierno británico en la intervención militar en Iraq de 2003, uno de los capítulos más siniestros de Tony Blair en su etapa como jefe del Gobierno (1997-2007). Examina la actuación de Reino Unido en los meses previos al conflicto, durante la propia guerra y en la posterior gestión de sus consecuencias: trece años de espera para saber oficialmente que la guerra que destrozó a una nación entera y causó centenares de miles de víctimas fue una guerra injusta, es decir, una agresión criminal.

Sir John Chilcot

Sir John Chilcot, el ponente de la comisión de investigación, ha concluido que "las circunstancias en las que se decidió que existía una base legal para la acción militar de Reino Unido en Irak no eran aceptables". La invasión británica en Irak en 2003 fue "mala" y ha tenido "consecuencias" negativas hasta "el día de hoy", ha declarado Chilcot durante la presentación del informe, puntualizando que las decisiones adoptadas por Blair se basaron en sus convicciones personales y no en los juicios emitidos por el Comité de Inteligencia Conjunta (JTC) [en referencia a la parte del Gabinete británico encargada de dirigir las distintas organizaciones de inteligencia].También ha dejado claro que el ex-presidente iraquí Sadam Husein no suponía una amenaza antes de marzo de 2003, cuando el Reino Unido y EE.UU. iniciaron la intervención armada. El autor del documento recordó la difícil situación en que se encuentra hoy Iraq hoy en día y mencionó el devastador atentado perpetrado el pasado domingo en Bagdad, en el que cerca de trescientas personas perdieron la vida.

Atentado del pasado domingo en Bagdad

De acuerdo al informe, la planificación y los preparativos para el Irak posterior a Saddam Hussein fueron "totalmente inadecuados", no hubo supervisión ministerial de la estrategia post-conflicto, lo que produjo la completa desestabilización de la zona y dio origen a un enfrentamiento interno entre sunitas y chiitas, cuya más visibles consecuencias son la ininterrumpida avalancha de atentados terroristas que siembran el terror entre la población civil, en una espiral que alcanza hasta nuestros días, y la vertebración del yihadismo con la aparición del Estado Islámico. En 2007, el instituto británico Opinion Research Business publicó una estimación de las víctimas mortales a consecuencia de la guerra, entre civiles y combatientes, cifrándolas en más de 1.200.000 personas. Esto, sin contar los 179 soldados británicos que perdieron la vida en Irak entre los años 2003 y 2010. Pese a lo cual, el presidente George W. Bush antes de abandonar la Casa Blanca en enero de 2009, condecoró a su incondicional aliado Tony Blair con la Medalla de Libertad, por sus esfuerzos para la “promoción de la democracia, los derechos humanos y la paz en el exterior”. Si no resultase tan patético, sería para echarse a reír. 

George W. Bush imponiendo a Tony Blair la Medalla de la Libertad




Declarar una guerra en base a informaciones falsas y la consiguiente responsabilidad contraída por tanta destrucción y sangre derramada supone un crimen contra la humanidad del que Tony Blair no puede ser exonerado, sobre todo después de conocer los términos acusatorios recogidos en el informe Chilcot. Su procesamiento debería servir a los dirigentes europeos como elemento disuasorio para evitar que sigan actuando como fieles ejecutores de las agresiones militares decididas por el poder americano, tanto dentro de la OTAN como de forma unilateral. Causa estupor comprobar cómo después de provocar la caótica situación en la que permanece Irak, tanto el presidente francés, François Hollande, como el primer ministro británico, David Cameron, no dudaran en volver a ofrecer su colaboración a EE.UU. en agosto de 2014 para llevar a cabo nuevas operaciones militares en suelo iraquí.

En realidad, no era preciso realizar ningún informe para saber que la decisión de imponer la guerra a Irak fue adoptada por el presidente George W. Bush, en una reunión en Camp David celebrada el 15 de diciembre de 2001, cuando después de los atentados de Nueva York y de Washington fue incluido Irak en el llamado "Eje del Mal". En aquel momento inicial, lo previsto era comenzar la intervención militar en Siria y en Libia para demostrar que las fuerzas norteamericanas podían actuar de manera simultánea en dos teatros bélicos, un detalle que conocemos por el testimonio del general Wesley Clark, ex-comandante supremo de la OTAN, quien se opuso al proyecto. Atacar Afganistán fue la mejor solución mientras se preparaba la Guerra de Irak para derrocar a Sadam Hussein y controlar sus inmensas reservas petroleras, mientras Libia y Siria permanecían en el punto de mira como objetivos inmediatamente posteriores.



El desastre en vidas y en destrucción material que supuso la guerra de Irak, continuado por la creación en su suelo del Estado Islámico como consecuencia demostrada, no sirvió para evitar que la agresiva política militar de Washington siga siendo respaldada por la Unión Europea y cuente con la colaboración incondicional de Gran Bretaña y Francia, que jugaron un papel decisivo para aplicar en Libia el modelo destructivo aplicado en Irak. Resulta obvio que Afganistan e Irak fueron los primeros eslabones de una cadena de intervenciones militares programadas para modificar el mapa del Oriente Medio al antojo de los halcones instalados en la Secretaría de Estado, en el Pentágono y en las agencias secretas norteamericanas, como muestran las guerras por encargo que siguen arrasando Libia y Siria, causas inmediatas del mayor desastre humanitario acontecido desde la Segunda Guerra Mundial, con centenares de miles de muertos y heridos, millones de desplazados y un enorme flujo migratorio representado por esa continua avalancha de refugiadoscuya única obsesión es escapar de la devastación que asola sus países y encontrar refugio en las costas de Europa los que sobreviven a los naufragios y no encuentran la muerte en las aguas del Mediterráneo.

A estas alturas, parece evidente que la dictadura de Gadafi justifica difícilmente que se le tratara como a un peligro mayor que el representado por los demás regímenes dictatoriales tolerados y hasta financiados por Occidente. Gadafi fue hasta poco antes de su decretada caída un colaborador amistoso de la Unión Europea, con muchos de cuyos dirigentes mantuvo cordiales relaciones y hasta colaboró para frenar con métodos expeditivos, plenamente aprobados por Europa, el flujo de la emigración africana que llegaba a través del desierto. De que su régimen era oficialmente respetado puede dar testimonio el hecho de que el Fondo Monetario Internacional lo elogiase todavía el 15 de febrero de 2011, animándolo a seguir con sus reformas económicas neoliberales, congratulándose de que Libia hubiera quedado al margen de las conmociones acaecidas en Túnez y Egipto.




También resulta claro, para quien quiera verlo, que los grupos yihadistas que ensangrientan Siria no surgieron de las manifestaciones pacificas de febrero de 2011. Sin que deje de ser cierto que las muy escasas protestas sirias denunciaban la corrupción gubernamental y reclamaban más libertades, nada tenían en común con los grupos armados procedentes del yihadismo salafista que tomaron el relevo de los manifestantes para actuar sin reparar en medios ni en salvajismo contra todos los sospechosos de apoyar al gobierno de Damasco y a las minorías no sunitas, entre ellas las diversas confesiones cristianas que hasta entonces habían gozado de la más absoluta libertad bajo la protección del Estado sirio.

Gracias a la sustitución de la información verdadera por la propaganda que distribuyen las grandes agencias de comunicación vinculadas al poder imperial americano, los medios occidentales han  presentado el conflicto sirio como si se tratara de una revolución política ahogada en sangre por una dictadura implacable. Las personas secuestradas, mutiladas y asesinadas por el yihadismo sunita se convirtieron, por obra y gracia de los medios de comunicación occidentales, en víctimas del tirano, mientras que los jóvenes sirios de todas las confesiones que sirven en el ejército nacional para defender su país de la agresión exterior fueron presentados como sicarios capaces de masacrar a su propio pueblo. El ataque a Siria por parte de fuerzas extranjeras fue convertido en un capítulo más de la llamada “primavera árabe”. El emir de Qatar y el rey de Arabia Saudita, dos monarcas feudales que nunca han organizado elecciones en sus propios países y que no vacilan en encarcelar a todo el que protesta contra sus regímenes teocráticos, así como el tirano Erdogan, se convirtieron por arte de magia en defensores de la revolución y de la democracia. También Francia y el Reino Unido, protagonistas bajo dirección estadounidense de la hecatombe libia, que costó más de 150.000 vidas, en flagrante violación del mandato que el Consejo de Seguridad de la ONU les había otorgado, se transformaron filantrópicos protectores de la población siria, a la que había que defender mediante una “intervención humanitaria” en favor de unos "rebeldes moderados" que, como han demostrado numerosos informes elaborados por los más prestigiosos historiadores y periodistas de investigación, no han existido más que en la propaganda estadounidense, repetida de forma acrítica por los medios de información occidentales.

Agradecimiento de Arabia Saudí a Tony Blair
por la destrucción de Irak

El profesor emérito de la Universidad de Nueva York, Stephen F. Cohen, en su última aparición en el programa de John Batchelor el pasado 21 de junio, explicó que la actual política de Washington representa una amenaza existencial para el mundo. "Yo creo que podría decirse, dada la forma en que se está orientando la política estadounidense hacia Rusia, desde Suwalki [Polonia] hasta Siria, que la política estadounidense está provocando deliberadamente una guerra con Rusia y cómo se niega a cooperar con Rusia; que por lo menos hipotéticamente podríamos plantear la cuestión de que Estados Unidos, en la manera que actúa su élite bipartidista, se ha convertido en la amenaza existencial número uno para el mundo".

Convertidos en los árbitros y jueces de la política mundial, los halcones que controlan y deciden la geoestrategia estadounidense orientada a mantener la hegemonía americana a través del control ejercido desde el complejo industrial-militar que determina la política de Washington, no parece no parece dispuesta a modificar la nefasta gestión de los grandes conflictos internacionales hasta llegar a una hecatombe bélica de consecuencias incalculables. Al contrario de lo ocurrido en Gran Bretaña con el informe Chilcot, en Estados Unidos no existe ningún contrapoder con suficiente influencia capaz de ejercer la crítica ante sus peligrosas decisiones, ni mucho menos, elaborar un documento como el informe Chilcot que ponga en entredicho la política gubernamental en cualesquiera de sus aspectos.

Basta ser medianamente conscientes para que produzacan auténtico pavor las recientes declaraciones de Michael Hayden, general de cuatro estrellas, ex-director de la CIA y de la NSA, dedicado durante toda su vida al espionaje y uno de los hombres con más poder al frente de los servicios secretos de Estados Unidos, publicadas en el número 1494, del 12 al 18 de junio, en la revista XL Semanal, editada por el grupo Vocento.


General Michael Hayden

Cuando hoy se habla de la NSA como de un aparato de espionaje global que dispone de recursos tecnológicos prácticamente ilimitados, en buena medida se debe a la labor de Michael Hayden, el que fuera uno de sus principales arquitectos. Como director de la CIA también operó en «los márgenes», fórmula que emplea él mismo. Pocas personas en el mundo conocen tantos secretos turbios como él.

Hayden sigue siendo un hombre muy importante. Dirige -junto con el antiguo secretario de Seguridad Nacional Michael Chertoff- el Chertoff Group, una especie de consultora empresarial para cuestiones de seguridad y defensa, convencido como siempre lo ha estado de encontrase en el lado correcto de la Historia, como lo demuestran sus afirmaciones, tan tajantes como faltas de cualquier escrúpulo moral a las que habría hecho respecto a su actuaciones el mismísimo Joseph Goebbels, quien fuera todopoderoso ministro de Propaganda del III Reich.

Como prueba tanto de mi descalificatoria valoración como de lo fundado de mi temor ante semejante personaje, transcribo una selección de la entrevista a Michael Hayden.


XLSemanal: General Hayden, usted ha sido uno de los hombres con más poder al frente de los servicios secretos. También simboliza el lado oscuro de Estados Unidos.

Michael Hayden: Estados Unidos se encontraba, y se encuentra, en guerra. Con mi trabajo he contribuido a salvaguardar la seguridad y la libertad de América. Y sí, es posible que hayamos actuado con cierta agresividad. Apuramos todas las posibilidades.

XL: Bajo su mando, la NSA se convirtió en una maquinaria de espionaje global. También ha defendido los métodos de tortura usados por la CIA en los interrogatorios. ¿No se arrepiente? ¿No hubo errores, ningún fracaso?




M.H.: En este negocio del espionaje, la verdad es que somos realmente buenos, incluso diría que casi perfectos. ¿Mi mayor error? Probablemente la cuestión de las armas de destrucción masiva en Irak.

XL: Su presunta existencia sirvió al Gobierno de Bush como fundamento para la guerra de Irak, una decisión catastrófica bajo cualquier punto de vista. Armas de destrucción masiva nunca hubo.

M.H.: Yo también tuve voz en aquella decisión.

XL: ¿Y cuál fue el sentido de su voto?

M.H.: A favor. Los resultados de nuestra inteligencia electrónica...

XL: ...de la que era responsable como director de la NSA...

M.H.: ...abarcaban desde «pruebas ambiguas» hasta abundantes «pruebas claras», basadas en indicios.

XL.: ¿Cree que era suficiente para decantarse por una guerra que ha causado cientos de miles de muertos? Por si fuera poco, ahora tenemos un país acosado por el caos y el terrorismo del llamado Estado Islámico.

M.H.: Las estimaciones que hicimos en aquellos días resultaron ser equivocadas, realmente equivocadas. Transmitimos una seguridad que no estábamos en condiciones de tener. No fuimos lo suficientemente claros con nuestros clientes.

XL.: ¿Clientes? Se refiere al presidente de Estados Unidos, al Gobierno y al Congreso...

M.H.: Los servicios secretos siempre actúan a partir de aproximaciones, casi siempre quedan dudas. Pero, al mismo tiempo, tenemos que ofrecerles alternativas a nuestros clientes, distintas opciones de actuación. El presidente Obama también ha tomado decisiones importantes basadas en este tipo de indicios. Las probabilidades de que Osama bin Laden se encontrara realmente en aquella casa en Pakistán, donde se lo localizó y abatió, eran en el mejor de los casos del 50 por ciento, según las estimaciones barajadas por la CIA. (...)

XL.: ¿El fin justifica los medios?

M.H.: No, pero ¿cómo define usted la moral? Rechazar categóricamente este tipo de técnicas es loable, cierto; hace falta mucho valor para defenderlas, aun sabiendo que producen resultados. Por mis cargos, sobre todo como director de la CIA, he tenido mucha más responsabilidad operativa que la mayoría de los ciudadanos de este país, al margen del presidente, claro. Los de la CIA formamos la primera línea de defensa. Vamos donde nadie va. Operamos siempre en los márgenes legales, políticos, éticos. (...)

XL.: En cualquier caso, la clave para la NSA es alcanzar y ejercer una posición dominante en el campo de la vigilancia global. En palabras de su sucesor, Keith Alexander: ¿por qué no podemos recoger todas las señales, todo el tiempo?




M.H.: Es posible que en Europa hayan caído en un error fundamental de interpretación. En la cuestión de la seguridad nacional no hay una América de Bush o una América de Obama, solo hay una única América. Es cierto que Obama fue elegido sobre todo porque era alguien presuntamente diferente...

XL.: ...diferente al presidente George W. Bush.

M.H.: Sí. Pero, en la entrega del Premio Nobel de la Paz, Obama habló de la «guerra justa». ¿Y qué hizo Obama con Stellarwind, ese programa tan criticado por usted? Pues básicamente se atuvo a él, incluso amplió otros programas.

XL.: Entre ellos, Prism, que sigue siendo una de las herramientas principales de la NSA. Permite el acceso a los servidores de prácticamente todas las empresas norteamericanas de Internet: Facebook, Google, Microsoft...

M.H.: Prism ofrece muchas más posibilidades que Stellarwind. En la actualidad, la NSA tiene acceso a muchos más metadatos que en mi época. ¿Y por qué? Porque la principal máxima de la Administración Obama ha sido la continuidad. ¿Guantánamo? Algunos prisioneros se van a pasar allí toda su vida, nunca serán llevados ante un tribunal. ¿Asesinatos selectivos? Obama los ha ampliado. Solo la detención y el interrogatorio de terroristas por parte de la CIA son prácticamente inviables ya. Estados Unidos se ha despedido de facto de este tipo de acciones. Hoy preferimos apretar un botón cuando queremos eliminar terroristas del campo de batalla. (...)

XL.: ¿Por qué la NSA espió el teléfono móvil de la canciller Merkel?

M.H.: Evidentemente, no diré si la NSA lo hizo o no lo hizo, pero los dirigentes políticos y sus intenciones son un objeto legítimo de vigilancia. Aunque entiendo que los alemanes empezaran a hiperventilar cuando se enteraron. Por cierto, ¿se ha comentado algo sobre el predecesor de Angela Merkel?




XL.: Parece ser que la NSA también habría espiado a Gerhard Schröder por orden de la Casa Blanca...

M.H.: ¿Y no cree que los alemanes entenderían que Estados Unidos hubiera querido saber lo más posible acerca del canciller Schröder y su postura ante la guerra de Irak? ¿O sobre sus relaciones con Rusia?

XL.: «Espiarse entre amigos, eso no se hace».

M.H.: [Ríe con ganas]. ¿De dónde ha sacado eso?

XL.: Lo dijo la canciller Merkel.

M.H.: Henry Kissinger dijo una vez: «No hay servicios secretos amigos, solo hay servicios secretos de países amigos». No se trata de si alguien es 'bueno' o 'malo'. Lo importante son los contenidos. Y nosotros los conseguimos.

XL.: «Cuando quiero saber qué piensa la canciller Merkel, la llamo por teléfono», dijo Barack Obama.

M.H. [Ríe]. Sí, claro.




Como considero que con esta selección de preguntas y respuestas el entrevistado queda suficientemente retratado, me limitaré a decir que ante la nueva y terrible magnitud de los hechos que se desarrollan ante nuestros ojos es preciso agudizar el sentido crítico y afinar las herramientas analíticas que sirvan para aclararnos en un presente tan confuso como el que nos ha tocado vivir: Reflexionar sobre la naturaleza de las “aguas negras” que circulan por las cloacas de la Historia para prevenir los hechos que nos amenazan en la noche que se ve venir. Porque, para decirlo con palabras de Walter Benjamín, “No se puede esperar nada mientras los destinos más terribles y oscuros, comentados a diario, incluso a cada hora, en los periódicos, analizados en sus causas y consecuencias aparentes, no ayuden a la gente a reconocer los oscuros poderes a los que la vida está sometida”.